Quase estamos a 29, dia no que em Argentina é típico comer gnocci. Aproveito que estamos a final de mês para preparar uns à romana, feitos com sêmola no quanto de pataca, porque ademais são baratos. Acompanho o prato com um 37 Barricas, vinho do que fala José Luis.
Me quitan los cordones de los zapatos, el cinturón, me vacían los bolsillos, me precintan el equipaje e inspeccionan la bolsa con el pastel de queso polaco. Los dos reposamos unas horas en la comisaría de Essex. Así se hizo el pastel.
Poznan, terça pola manhã. O dia anterior pedira ir ao mercado para comprar as cousas da ceia galego-polaca. Nenhum de nós almorçara, polo que aproveitamos para preparar um brunch à polaca, com zurrapa incluída.
Hacía años que no me lo pasaba tan bien en un viaje, desde aquel Granada-Antequera-Ikea-Huelva-Granada, con unos higos chumbos y una paleta ibérica en las alforjas.
En esta ocasión me llevé la cámara, para recoger mucho material, que iré publicando en estos días.